¿Qué sucede cuando la naturaleza deja de ser paisaje y se convierte en una presencia?
En la obra de Andrés Paredes, la selva no funciona simplemente como escenario. Es un universo de transformaciones, organismos y memorias que adquieren nuevas formas a través del arte.
Nacido en Apóstoles, Misiones, en 1979, Paredes construyó un lenguaje visual en el que conviven lo orgánico, lo fantástico y lo espiritual. Su producción transita entre la pintura, la escultura, la instalación, la cerámica y el papel calado, explorando las posibilidades expresivas de materiales vinculados al territorio.
En la edición 2026 de arteba, celebrada en La Rural de Buenos Aires, el artista participó a través de la galería COTT, con obras realizadas sobre cuero de cabra. Sus figuras, descritas como deidades en la cobertura de la feria, introdujeron una dimensión inquietante y simbólica dentro del recorrido expositivo.
No se trata de su primera aparición en el circuito. Paredes mantiene una trayectoria de exhibiciones nacionales e internacionales en la que el territorio misionero aparece como una referencia constante.
La selva como lenguaje
La tierra roja, los organismos, los procesos de transformación y las estructuras naturales forman parte de una investigación que el artista desarrolla desde hace años.
En marzo de 2026 presentó Selva Celestial, una exposición en BGN/Arte, Asunción, con curaduría de Silvana Domínguez. Aquella propuesta extendió su exploración hacia la espiritualidad, los rituales y las relaciones entre naturaleza y cultura.
Su producción permite reconocer una operación particularmente interesante: los materiales y las imágenes del territorio dejan de ser únicamente referencias geográficas para convertirse en elementos capaces de construir un universo propio.
En ese universo, lo familiar puede volverse extraño. Las formas vegetales evocan anatomías, los seres imaginarios parecen surgir de antiguos relatos y la materia conserva algo de su procedencia original.
Crear desde el territorio, sin quedar encerrado en él
La presencia de Paredes en arteba invita a pensar en el lugar que ocupan las identidades regionales dentro del arte contemporáneo argentino.
Lejos de reducir su producción a una representación del paisaje misionero, el artista utiliza sus referencias territoriales para formular preguntas que exceden lo geográfico: cómo se transforma la naturaleza, qué memorias sobreviven en los materiales y de qué manera imaginamos aquello que no podemos ver.
El Nordeste no aparece aquí como una periferia cultural, sino como el origen de una mirada singular.
Quizás esa sea una de las mayores potencias de su obra: demostrar que un lenguaje profundamente vinculado a un lugar también puede encontrar resonancia mucho más allá de sus fronteras.
SPAZIO — Editorial de arte contemporáneo.